JUSTIFICACIÓN

 Como consecuencia de la notable y súbita retracción de la economía de los países, el volumen del comercio de bienes y servicios a nivel global se verá igualmente afectado. La disminución de las transacciones comerciales tendrá secuelas en la producción y las cadenas de valor (Daza y Vokoun, 2020).

Aunque en 2019 el comercio mundial ya presentaba una desaceleración, provocada principalmente por las barreras impuestas entre Estados Unidos y China y el efecto que causaron en el resto de las economías debido a la interconexión global, la Organización Mundial del Comercio (omc, 2020a) prevé una disminución significativa en la producción y el consumo. En un escenario positivo, sitúa la disminución en 13 %; en uno negativo, 32 % o más. El impacto puede ser mayor en el comercio de servicios. La entidad plantea que las regiones más afectadas serían Asia y América del Norte (omc, 2020b).

En el marco latinoamericano, la cepal (2020a) señala la necesidad de estrategias encaminadas al desarrollo sostenible: entidades gubernamentales y empresas no pueden perder de vista la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Adicionalmente, para mitigar los efectos del covid-19 es necesario promover el comercio en el marco de la integración regional, fortaleciendo el comercio intrarregional y las cadenas de producción.

Los Estados latinoamericanos, en particular, deben buscar mayor integración en los procesos y repensar el regionalismo, para tomar medidas en el corto y el largo plazos que los beneficien a todos asegurando las cadenas de suministros y fortaleciendo el comercio intrarregional (cepal, 2020a). El regionalismo, como instrumento para la gobernanza conjunta, es una estrategia que ha apoyado la consolidación regional frente a terceros Estados (Van Klaveren, 2018); a través de él se pueden articular esfuerzos en los sectores sanitario, educativo, empresarial y comercial para promover una recuperación regional efciente.


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